En el sur de Marruecos, una nueva planta de ensamblaje de semiconductores comenzó a operar a principios de 2025, mientras que en Kenia un programa gubernamental capacita a jóvenes en diseño de chips. No son casos aislados: África, históricamente relegada a la exportación de materias primas como coltán y cobre, busca dar un salto hacia la fabricación de alta tecnología en un momento en que la cadena global de suministro de semiconductores se reconfigura por completo.
Se estima que para 2030, el mercado africano de semiconductores podría alcanzar los 25.000 millones de dólares, según la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA).
El contexto geopolítico: una ventana de oportunidad
La guerra comercial entre Estados Unidos y China, con sus aranceles y restricciones a la exportación de tecnología, ha fragmentado la cadena de suministro de chips. Empresas y gobiernos buscan diversificar sus fuentes de producción más allá de Taiwán, Corea del Sur y China continental. En ese escenario, países africanos como Marruecos, Sudáfrica, Kenia y Ghana han empezado a posicionarse como posibles centros de ensamblaje y pruebas, aprovechando acuerdos comerciales preferenciales con la Unión Europea y Estados Unidos.

¿Qué son los semiconductores?
Son materiales (como el silicio) que pueden conducir electricidad de forma controlada. Son la base de todos los dispositivos electrónicos modernos: teléfonos, computadoras, automóviles, sistemas de inteligencia artificial y equipos médicos.
Más allá del coltán: del recurso al producto
África posee más del 70% de las reservas mundiales de coltán, mineral esencial para los condensadores de los chips. Sin embargo, hasta ahora la región apenas participaba en los eslabones de mayor valor añadido. La nueva estrategia busca cambiar eso: formar ingenieros locales, construir infraestructura de ensamblaje y pruebas, y atraer inversión extranjera para crear ecosistemas completos de fabricación. Países como Ruanda y Botsuana también han lanzado incentivos fiscales para empresas tecnológicas.

El papel de la inteligencia artificial
El auge de la inteligencia artificial (IA) y los agentes autónomos ha disparado la demanda de chips especializados, especialmente aquellos diseñados para procesar grandes volúmenes de datos con bajo consumo energético. África, con su creciente población joven y su rápida digitalización, no solo es un mercado emergente para estos dispositivos, sino que también puede convertirse en un centro de diseño y pruebas para chips de IA de bajo costo, adaptados a necesidades locales como la agricultura de precisión o la gestión de energía renovable.
Sin embargo, los expertos advierten que el camino es largo. La falta de infraestructura eléctrica estable, la escasez de agua ultrapura necesaria para la fabricación y la fuga de talentos hacia países desarrollados son obstáculos reales. Iniciativas como el programa "Semiconductores para África" de la Unión Africana buscan coordinación continental para atraer inversión y compartir recursos.
En 2025, Sudáfrica anunció un plan nacional para establecer una fundición de obleas de silicio, con apoyo tecnológico de una empresa alemana. El proyecto podría estar operativo en 2028.
¿Qué significa esto para el mundo?
Si África logra consolidar un ecosistema de semiconductores, el impacto global sería profundo: diversificaría una cadena de suministro extremadamente concentrada, reduciría la dependencia de Asia Oriental y ofrecería una vía para que el continente acelere su desarrollo industrial. Pero para ello, la cooperación internacional —en forma de inversión, transferencia tecnológica y formación— es tan crucial como la voluntad política local. El mundo observa si esta vez el salto será real o solo una promesa más.
